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Diagnósticos geofísicos precisos sin sorpresas

28 de Febrero de 2026


Un pozo seco no suele ser un “fallo de perforación”. Es, casi siempre, un fallo de diagnóstico: se interpretó una estructura que no era, se sobrestimó una unidad acuífera, o se ignoró una heterogeneidad crítica. En minería, infraestructura o agua potable, ese tipo de error no solo cuesta CAPEX. También consume tiempo de permisos, deteriora la trazabilidad técnica y obliga a tomar decisiones operativas con incertidumbre alta.

Hablar de diagnósticos geofísicos precisos no es prometer una “verdad absoluta” del subsuelo. Es construir una imagen defendible, cuantificada y consistente con la geología e hidrología del sistema. Precisión, en este contexto, significa reducir el espacio de interpretaciones plausibles hasta un rango útil para decidir: dónde perforar, qué caudal esperar, qué riesgo asumir, cómo monitorear y qué mitigar.

Qué significa “preciso” en un diagnóstico geofísico

En proyectos reales, la precisión se mide por la capacidad de un estudio para sostener una decisión técnica y regulatoria. Eso exige dos cosas: coherencia interna (los datos y su procesamiento no se contradicen) y coherencia externa (la interpretación cuadra con el modelo conceptual hidrogeológico y con lo que se observa en terreno).

La precisión no depende solo del método. Depende de la cadena completa: definición de objetivo, diseño de adquisición, control de calidad, inversión/processing, interpretación, integración multi-física y, cuando aplica, modelación numérica (por ejemplo, MODFLOW para probar hipótesis de flujo y balance).

Hay un matiz importante: más resolución no siempre equivale a más precisión. A veces, “ver más detalle” amplifica artefactos si el SNR es bajo, si la geometría de adquisición es inadecuada o si el problema está mal condicionado. Un diagnóstico preciso elige el nivel de detalle que el proyecto puede defender con datos.

El punto de partida: una pregunta bien formulada

Una campaña geofísica orientada a agua subterránea no debería arrancar con “hagamos ERT”. Debería arrancar con una pregunta operacional. Por ejemplo: ¿necesitamos identificar zonas de recarga y filtración? ¿Cuantificar espesor saturado? ¿Caracterizar una falla como barrera o conducto? ¿Optimizar la ubicación de pozos para minimizar pozos secos? ¿Determinar Vs30/Vs100 para diseño sísmico?

Cuando la pregunta es nítida, el diseño se vuelve eficiente. Si no, el riesgo es obtener “bonitos perfiles” que no responden lo que un gerente de proyecto o un evaluador ambiental va a exigir: rangos de incertidumbre, sensibilidad de parámetros y trazabilidad de supuestos.

Diseño de campaña: geometría, profundidad y trade-offs

Cada método tiene su física, su ventana de sensibilidad y sus limitaciones. En diagnósticos geofísicos precisos, el diseño se centra en el parámetro que realmente condiciona la decisión.

ERT (Tomografía de Resistividad Eléctrica) es muy útil para contrastes resistivos asociados a litología, arcillas, salinidad o saturación, con buena resolución lateral a profundidades típicamente de decenas a un par de cientos de metros (según arreglo, separación y condiciones). TEM (Transient Electromagnetics) y AMT (Audio-Magnetotellurics) pueden extender la investigación a mayores profundidades y capturar estructuras regionales, pero con resoluciones distintas y con una sensibilidad diferente al ruido cultural.

IP (Polarización Inducida) aporta información clave cuando el problema es diferenciar arcillas de agua salobre o identificar mineralización diseminada, porque la “cargabilidad” añade una dimensión que la resistividad sola no separa bien. Métodos sísmicos (MASW, ReMi, perfiles de refracción o técnicas para Vs30/Vs100) se vuelven centrales cuando el objetivo es geotecnia y respuesta sísmica del suelo, o cuando se necesita delimitar contrastes de velocidad asociados a capas competentes.

El trade-off habitual es claro: ampliar profundidad suele reducir resolución, y mejorar resolución exige densidad de muestreo y control de contacto, lo que impacta tiempo y logística. La precisión se logra aceptando esa tensión y eligiendo un diseño que maximice información útil, no volumen de datos.

Adquisición y QA/QC: donde se gana o se pierde la confiabilidad

Una inversión 2D impecable no corrige una mala adquisición. El control de calidad en campo es un factor de precisión más determinante de lo que muchos presupuestos reconocen.

En eléctrica, el contacto electrodo-suelo, la variación de humedad, la presencia de infraestructura (cercos, tuberías, líneas eléctricas) y los cambios térmicos pueden introducir sesgos. En electromagnética, el ruido cultural y la selección de ventanas temporales pueden falsear profundidades efectivas. En sísmica, el acoplamiento de geófonos, la energía de fuente y el filtrado adecuado condicionan la estabilidad de la dispersión y, por tanto, la Vs.

La práctica que marca diferencia es operar con criterios de aceptación en campo: repetir mediciones fuera de tolerancia, registrar metadatos, documentar interferencias y dejar trazabilidad de decisiones de QA/QC. Eso no es burocracia. Es lo que permite defender el diagnóstico ante auditorías, comités internos o evaluación ambiental.

Procesamiento e inversión: precisión no es “misfit bajo”

Un error común es equiparar precisión con un misfit pequeño en la inversión. Un misfit bajo puede lograrse sobreajustando ruido o imponiendo regularizaciones que suavizan demasiado, ocultando estructuras reales.

La precisión exige trabajar con: elección explícita de regularización, análisis de sensibilidad, pruebas de escenarios y, cuando es posible, incorporación de restricciones geológicas. En ERT/IP, por ejemplo, la topografía y la calidad de datos condicionan artefactos. En TEM/AMT, la selección de modelos iniciales y la parametrización afectan la no unicidad.

La pregunta clave no es “¿encaja el modelo con los datos?”, sino “¿qué parte del modelo está realmente respaldada por los datos?”. Los diagnósticos sólidos separan zonas bien resueltas de zonas inferidas, y lo declaran.

Integración multi-método: la vía corta hacia diagnósticos defendibles

Si el proyecto exige decisiones de alto impacto, la integración no es un “plus”. Es el mecanismo para reducir no unicidad. Resistividad sola puede confundir arcilla con agua salobre. IP puede ayudar a separar. Sísmica puede delimitar geometría mecánica que la eléctrica no ve con claridad. TEM o AMT puede aportar continuidad a profundidad y contexto regional.

La integración también es conceptual. La geofísica aporta propiedades físicas; la hidrogeología exige traducirlas a unidades hidroestratigráficas, condiciones de borde y rutas preferentes de flujo. Ahí se gana precisión real: cuando el perfil geofísico se convierte en un modelo conceptual consistente que luego puede ponerse a prueba con datos de pozo, ensayos de bombeo, química/isótopos o monitoreo.

En este punto, herramientas propietarias y flujos de trabajo integrados marcan una diferencia práctica cuando el objetivo es acelerar decisiones sin sacrificar defensabilidad. En Chile, empresas como G-Strata han empujado esta integración combinando instrumentación, campañas avanzadas e interpretación con modelación y analítica para disminuir incertidumbre operativa en agua subterránea.

De interpretación a predicción: cuándo MODFLOW y modelos de gestión importan

Una interpretación geofísica puede decir “hay un conductor a 120 m”. Un diagnóstico útil debe decir qué significa eso para el sistema: ¿es un acuífero con buena transmisividad o una unidad arcillosa? ¿Conecta con una zona de recarga? ¿Qué caudal es plausible bajo un régimen de extracción y qué riesgo de abatimiento se espera?

Aquí entra la modelación numérica. MODFLOW no “confirma” por sí mismo una geofísica, pero obliga a cerrar balances y coherencia hidráulica. Si el modelo solo funciona con recargas imposibles o conductividades fuera de rango, la interpretación debe revisarse. Si varios escenarios distintos explican lo mismo, entonces el diagnóstico honesto reporta ese abanico y propone cómo reducirlo: perforaciones exploratorias mínimas, piezometría estratégica, trazadores, o ensayos escalonados.

En gestión hídrica, además, el diagnóstico geofísico preciso no termina con un PDF. Se conecta con monitoreo, series temporales, y eventualmente con modelos predictivos que permitan operar con umbrales, alertas tempranas y planes de contingencia. La precisión se mantiene viva cuando se actualiza el modelo con datos nuevos.

Métricas prácticas de precisión (las que importan en comité)

Si tu audiencia es técnica y ejecutiva a la vez, conviene hablar en métricas operativas. Un diagnóstico geofísico se percibe como “preciso” cuando reduce decisiones fallidas y mejora tasas de éxito. En agua subterránea, eso se refleja en menor proporción de pozos secos, mejor estimación de caudales esperables y mayor consistencia entre predicción e interpretación posterior de perforación.

En geotecnia, la precisión se expresa en perfiles de Vs30/Vs100 estables, con incertidumbre reportada y coherencia con la estratigrafía. En minería, se traduce en una caracterización estructural que anticipa controles geológicos relevantes para exploración o estabilidad.

Cuando se reportan resultados, la forma importa. Mapas de probabilidad, rangos de parámetros, y una explicación transparente de limitaciones suelen ser más útiles que una única “línea interpretada” sin contexto.

Casos donde “depende” es la respuesta correcta

Hay escenarios donde la precisión tiene techo por condiciones externas. Terrenos con alto ruido cultural pueden limitar AMT o ciertas ventanas TEM. Suelos extremadamente secos o resistivos complican ERT. Zonas con fuerte anisotropía o 3D marcado pueden hacer que un 2D sea insuficiente, y la solución no es “forzar” la inversión, sino ajustar geometría, pasar a 3D o replantear el objetivo.

También depende del objetivo regulatorio. Si la meta es sustentar permisos, la trazabilidad y reproducibilidad pesan tanto como la resolución. Un diseño “más barato” puede salir caro si no es defendible.

El criterio experto consiste en reconocer estas restricciones temprano y proponer un camino incremental: medir lo necesario para decidir, y diseñar la siguiente etapa para reducir la incertidumbre dominante, no la más fácil de medir.

Cierre

Un diagnóstico geofísico preciso no se compra como un método. Se construye como una decisión estratégica: pregunta correcta, campaña diseñada para el parámetro crítico, QA/QC exigente, inversión con sensibilidad, integración con geología e hidrología, y modelos que convierten propiedades físicas en predicciones operables. Si el subsuelo es incierto por naturaleza, la ventaja competitiva está en gestionar esa incertidumbre con evidencia, trazabilidad y criterio – y en usar cada campaña para que la siguiente decisión sea menos arriesgada que la anterior.

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